La r-evolución de los cuidados en los vínculos amorosos.

 

Habitualmente, cuando las parejas acuden a nuestras consultas sexológicas pidiendo asesoramiento para resolver un conflicto, una de las premisas básicas es restaurar o desarrollar un buen sistema de cuidados, pero… 

¿Qué es eso de los cuidados?

¿En qué se traduce?

¿Por qué es importante? 


Muchas veces derivado de las prisas del día a día, de la rutina en pareja, del cansancio, o simplemente de una sociedad donde los cuidados han sido social, histórica, cultural y políticamente menospreciados, se nos olvida que los vínculos amorosos, como si de un principio hortícola se tratara, también han de ser cuidados, bien tratados, respetados y atendidos. 

Cuando algunas parejas acuden a mi consulta me doy cuenta de que los problemas, sea cual fuere su origen y carácter tienen en común que, de forma muy habitual, al vínculo le faltan momentos donde ambos miembros se sientan comprendidos, sientan que se les presta atención, que ambos se esfuerzan por hacer su realidad más bonita día a día. 

Muchas parejas alegan que tal vez es que ya ‘se les pasó el amor’ con el duelo que ello conlleva.

Y es que nos educaron para pensar en ese modelo de amor potente, impetuoso, irreflexivo, energétizante, infinito y de color de rosa que nos venden en los cuentos, sin embargo esta visión viene inexorablemente unida a una perspectiva donde pensamos que esto ha de ser así por sí mismo, que se hace solo, y cuando sentimos que esta intensidad se reduce nos desencantamos o pensamos que ya no tiene el mismo sentido…. Por un ladodeberíamos saber que los vínculos amorosos suelen pasar por diferentes fases, y tendríamos que comprenderlas, asumirlas y valorarlas por lo que sony no por lo que nuestra cultura, algo ciega en este sentido, dictamina que deberían ser. 

El paso del enamoramiento, fase de alto voltaje del vínculo, primigenia, dedicada, potente y tal vez algo obsesiva respecto del sujeto amado, a la fase de amor, más estable, más comedida, más equilibrada y más sostenible es imprescindible y suele darse en la mayoría de los casos variando en tiempo e intensidad dependiendo de cada vínculo. 

Este tránsito en el carácter del vínculo es imprescindible para que restauremos nuestra forma de vivir con normalidad una vez hemos afianzado el vínculo, pues no podemos conservar la intensidad bio- psico- social que supone el momento de enamoramiento ( biológica por ejemplo en las secreciones hormonales típicas del proceso de enamoramiento,  piscológica en el procesamiento básico del vínculo, por ejemplo pensar recurrentemente en la persona amada y social en nuestra visión socioculturalmente idílica de las relaciones amorosas). Sin embargo tambiénnos han educado para sentir que cuando esto pasa, muchas veces nuestra relación ya no tiene el mismo sentido. Ya no nos quedamos hasta las tantas de la madrugada regándonos a besos, a la mañana siguiente tenemos que madrugar. Ya no hay velas y flores sobre la mesa al desayuno, sorpresas inesperadas, post-it en el espejo del baño diciéndonos lo bonitas/os que nos vemos al despertar, citas donde cuidamos hasta el último detalle y sensaciones que inundan sin poderlas controlar. A nuestro parecer idiosincrático estos detalles se los llevó la costumbre.

 

De esta manera, restaurar y desarrollar un sistema de cuidados en el contexto de la pareja puede ser, y hecho en la mayoría de los casos es, un elemento fundamental y muy nutritivo para mejorar, optimizar y positivizar la vivencia que tenemos de nuestro vínculo amoroso. 

Los cuidados siempre han sido, fruto de una cultura heteropetriarcal y productivista, un espacio potencialmente femenino y por tanto desvalorizado y esta nuestras manos revertir esta idea y darle a los cuidados el lugar que les corresponde más allá de la división de géneros. Alguien dijo que a día de hoy los cuidados son un acto puramente revolucionario, idea con la cual estoy completamente de acuerdo. 

Cuidarnos a nosotras mismas en primera instancia, cubrir nuestras propias necesidades, prestarnos atención, darnos algún capricho, contemplar nuestro placer como un derecho y como una necesidad, ya es de por sí un acto reivindicativo y supone el primer paso, natural e imprescindible para saber cuidar de otras personas. En el contexto de la pareja, esa típica expresión que se refiere a ‘mantener o reavivar la llama’ normalmente va muy de la mano de proporcionarnos y crear un sistema de cuidados donde cada uno atiende, riega, abona y presta atención al vínculo, con el fin de verlo crecer y enriquecerlo día a día.

‘Que hagamos algo distinto y emocionante, que busquemos cosas en común que a ambos nos gusten, que tenga en cuenta también las necesidades de la otra persona y las mías propias y ayude a que sean satisfechas, que no me relaje en decir cosas bonitas, en hacer saber a la otra persona que es importante para mí. Que ponga el acento en lo positivo, que me deje querer, que aprenda a dar y recibir, así como hacernos saber especiales, son parte de los ingredientes de esta receta de cuidados que, en muchas ocasiones, son la sal y la pimienta de una mejor y más sabrosa relación de pareja. Cuidar es un sinónimo de nutrir, de prestar atención, de preocuparse y tal vez más importante, de ocuparse de que ambos estamos viviendo el vínculo de forma saludable, positiva, satisfactoria y significativa.’

 

En el camino de los vínculos entre personas, sean del tipo que sean, peroespecialmente en los vínculos amorosos, no hay un sistema de trato intermedio o acromático, solo existe el camino del buen trato o del mal trato. Como todas las cosas que dependen de nosotras en esta vida, cuando no cuidamos descuidamos y descuidar entraría dentro del marco del mal trato. Volvamos a la metáfora hortícola, yo pasé muchos años intentando tener orquídeas en mi casa, siempre he tenido, como dicen nuestras vecinas francesas ‘el pulgar verde’ es decir, tengo buena mano para las plantas, sin embargo esta planta, exótica y con unas flores extremadamente bellas, no es fácil de cuidar, en ocasiones se me secaban, perdían rápidamente sus sumidades florales o sus hojas, en ocasiones las ahogaba. Tardé un tiempo en desarrollar el tino suficiente para evitar que ésto pasara, en encontrar la dosis de agua justa, el lugar adecuado donde no tuvieran poca luz ni se quemaran al sol; tardé un tiempo en entenderlas, pero desde luego mientras iba desarrollando esa intuición, no había más remedio que estar ahí, que prestarles atención, ser paciente y esperar a que mis cuidados surtieran efecto.


De este modo como terapeuta de pareja, pero desde luego también como persona, he de romper una lanza en favor de los cuidados, en un primer lugar los que nos proporcionamos a nosotras mismas, sin duda, como primer ejercicio y como prueba necesaria para saber cuidar de otras personas. Y en segundo lugar, pero no por ello menos importante, los que somos capaces de brindar a aquellas personas que comparten realidades con nosotras/os.

Cuidar es un acto revolucionario, eso sin lugar a dudas, en las dos acepciones principales que se me ocurren para el término revolución, una que alude a un cambio significativo de los patrones impuestos hasta el momento, donde actuamos de una forma novedosa y cambiamos de forma drástica la realidad circundante. Y otra que habla de la evolución que procede de otro cambio de estado previo (por eso lo de ‘re-evolución’) y que de alguna manera nos hace metamorfosearnos, cambiar nuestro aspecto, nuestro semblante, nuestra forma y nuestra propia percepción de los vínculos y por tanto evolucionar.

Así pues cuidémonos, querámonos,  seamos únicos e irrepetibles en ese ejercicio siempre fértil del buen trato.

Cuando una pareja acude a consulta habiendo olvidado estos principios, lo principal es volver a hacerles ver la necesidad de cuidarse, de prestarse atención, de sentirse especiales y hacérselo sentir a la otra persona. No es tan difícil, y de hecho, cuando entienden este factor, más de la mitad del camino hacia su propia recuperación ya está gustosamente recorrido.

Por Cristian G. Sánchez        

 

 

 

 

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© Cristian G Sanchez. Terapia sexual, de pareja y género. Acompañamiento lgtbi y programas de educación sexual.