Orgasmo femenino: ¿La búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud?

 

¿Qué duda cabe a día de hoy acerca de que el orgasmo y en general la sexualidad es uno de los aspectos más poderosos y estimulantes de la vida de todo ser humano?

Numerosos estudios avalan y defienden que la sexualidad, vivida de forma saludable y placentera, es un motivo de salud a nivel global y, como estímulo, reactiva y moviliza todos nuestros sistemas como ninguna otra vivencia a lo largo de nuestro desarrollo vital. El sistema respiratorio, el muscular, el cardiovascular, el endrocrino, el digestivo, el metabólico y un largo etcétera, se benefician de la respuesta sexual y comienzan a funcionar de forma coordinada a lo largo de la misma. La activación del riego sanguíneo, que estimula y oxigena todo nuestro organismo, la actividad física que pone en juego muchos de los haces musculares, tanto externos como internos, en el momento de la experiencia sexual, la secreción de una serie de hormonas propias, aunque no exclusivas de la excitación sexual, que influyen positivamente en nuestro bienestar… 

"Ya sea compartiendo esta experiencia con otras personas o viviéndola de forma personal o en solitario, la respuesta sexual no sólo tiene beneficios a nivel biológico sobre nuestro organismo, sino que también nos ayuda a tomar conciencia con nuestro propio cuerpo, a facilitarnos un momento de auto cuidado en base al placer, que nos ayuda a definirnos, a empoderarnos de nuestras propias sensaciones, a crecer eróticamente y a ir matizando el universo de estímulos y fantasías que nos resultan deseables."


Trabajar en el contexto erótico nuestra propia respuesta sexual es ir generando un mapa de placeres, que a medida que se define, nos va dando pistas acerca de a dónde dirigir nuestras sensaciones con el fin de realizar un proceso que, desde el mundo de la sexologia, definimos como ‘crecimiento erótico’ y que contribuye a que vivamos nuestra sexualidad, tanto individual como compartida, de forma más satisfactoria y por tanto más saludable. La salud sexual se define fundamentalmente como un estado de bienestar y libertad en el terreno de la sexualidad humana y es defendida y promovida por todas alas autoridades sanitarias a nivel internacional. De este modo, no es baladí, que desde el mundo de la sexología, como ciencia que se ocupa del estudio y promoción de la salud sexual, hagamos hincapié en el hecho de promover la salud integral a través de una vivencia positiva de nuestro aspecto psico Sexual y afectivo.

"La respuesta sexual humana pasa por los mismos hitos o etapas indiferentemente de nuestro sexo, nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género."

Es decir, la respuesta sexual es la misma independientemente de si somos mujeres cis’ o transgénero, hombres heterosexuales u homosexuales e independientemente de si nuestro sexo asignado es y coincide con nuestro sexo sentido, sin embargo, aunque no encontramos diferencias notables respecto de una respuesta diferenciada entre hombres y mujeres, a nivel biológico, lo que sí encontramos es que, dependiendo de nuestra socialización de género, esta respuesta puede verse condicionada por lo que se permite y lo que no, por nuestras primeras socializaciones y mensajes respecto de la relación con nuestro cuerpo y con nuestros genitales y respecto de los mensajes que, a lo largo de la vida, vamos recibiendo en este aspecto.

"Hemos de recordar que la sexualidad no es solo aquello que hacemos con y desde nuestros genitales, sino que incluye también toda una serie de prácticas y experiencias que recibimos a través del órgano sexual más grande y sensible del que disponemos, la piel."

Sin embargo, nuestra socialización, diferente si somos personas nacidas con pene o con vulva hace que vivamos de forma diferente nuestra respuesta sexual. Nuestra sociedad tiene una visión androcéntrica, donde el deseo y la sexualidad del hombre siempre va un paso por delante en calidad y cantidad que la de la mujer, falocéntrica, que pone el acento principalmente en los genitales como instrumento inequívocamente sexual en el ser humano, y fundamentalmente coitocéntrica como si esta fuera la práctica estrella, el fin de cada relación y el objetivo básico de todo encuentro con carácter sexual.

Es indudable que hoy en día, en nuestra sociedad informatizada y sobreinformada la pornografia, como principal producto al alcance de la mano que nos muestra -muy entrecomillado- “las características de las relaciones sexuales hoy en día”, es un elemento de socialización poderoso e influyente en nuestra propia forma de entender las relaciones sexuales y en la de las nuevas generaciones, cuyo primer contacto con el contexto sexual, suelen ser materiales audiovisuales de este tipo. 

Generalmente, en el porno mainstream, aquel que encontramos fácilmente a golpe de buscador, la sexualidad femenina está al servicio de la erótica masculina, tiene todas las características tendenciosas y a veces nefastas de nuestra visión sesgada de la sexualidad, a saber coito como centro de la ecuación, genitales como núcleo en torno al cual gira todo, orgasmo como medio y fin de todo el proceso y papeles, en su mayoría sobreactuados, que condicionan que muchos hombres quieran ser ‘máquinas de follar’ con el pene siempre duro, siempre dispuesto, excesivamente ‘lechero’ e incontenible en su deseo de penetrar… y muchas mujeres entiendan que el orgasmo femenino es más auténtico y más verdadero si les hace gemir incontroladamente, volverse locas, no poder contener el orgasmo y explotar en un sinfín de posibilidades multiorgasmicas contemos con las circunstancias que contemos , es decir, siempre que la maravillosa y todopoderosa varita mágica que es el pene se introduzca con intensidad en nuestra vagina (integrando la lógica heteropatriarcal, pues recordemos que a muchas mujeres homo y a muchas hetero la penetración no les resulta especialmente placentera).

Sin embargo, la realidad para muchas mujeres es que el orgasmo como lo pintan en las pelis es un hito difícil de alcanzar, … frases célebres y socialmente muy usadas tipo ‘has llegado al orgasmo’ o ‘es que me cuesta encontrar un orgasmo’, hacen de esta etapa de la respuesta sexual la más dudosa, la más exclusiva y en ocasiones el mayor misterio de la sexualidad femenina.  

"Por eso hemos de recordar y tal vez repetir muchas veces, que no necesariamente el orgasmo ha de ser el fin de toda relación o experiencia sexual, sea ésta compartida o en solitario. El placer en nuestras experiencias sexuales hemos de ir hallándolo a lo largo del todo el proceso y no podemos pretender que el orgasmo sea un proceso mecánico que se da siempre en las mismas circunstancias y con los mismos patrones sean cuales sean estas circunstancias."

Al orgasmo no ‘se llega’, ni se ‘facilitan’, ni se ‘encuentra’, como si de la búsqueda del tesoro o de la Fuente de la eterna juventud se tratara. Los orgasmos sencillamente SON, no podemos llegar a ellos o encontrarlos o que surjan espontáneamente, porque no son un fin, una meta o algo imposible de alcanzar, el orgasmo es un reflejo, que si bien se vive individualmente como un pico de placer extremo, no nos debe llevar a vivir cualquier cualquier experiencia sexual, sea individual o compartida como algo incompleto si no se pasa por esta fase.

No debería haber relación sexual donde no saboreemos placer de inicio a fin independientemente de si tenemos o no orgasmo durante la misma

"Abandonarse a las sensaciones, dejarse llevar, responsabilizarse del propio placer, cuidar las circunstancias y la atmósfera de cada experiencia con el fin de encontrarnos cómodas, no entender el orgasmo como una meta ni buscarlo desesperadamente a lo largo de esta experiencia y permitirse el lujo de disfrutar, van a ser los hitos clave para poder vivir cualquier relación de forma satisfactoria, tengamos o no la experiencia del orgasmo asociada a la misma."

Cuando algunas mujeres acuden a nuestras consultas sexológicas aludiendo a su dificultad o imposibilidad para ‘ tener un orgasmo’, investigando un poco, nos damos cuenta de que, a veces, no tienen relaciones que parten del propio deseo de obtener placer, se preocupan demasiado de la obligación de obtener un orgasmo y/o por su mente pasan pensamientos que podríamos calificar de interferencias no eróticas -estaré gimiendo demasiado, me olerá un pie, parece que no estoy disfrutando mucho, etc- de forma que, escarbando un poco, no es raro que algunos de los hitos o etapas de la respuesta sexual, bajo estas prerrogativas no se desencadenen de forma normalizada.


En el momento en que comenzamos a entender cualquier experiencia sexual, ya sea en solitario o compartida, como una vivencia placentera sin el objetivo y la obligación del orgasmo universal, nos abandonamos al placer y limpiamos nuestra conciencia de pensamientos intrusivos no eróticos, solemos ir  comprendiendo y asimilando una vivencia más placentera de nuestra relación con nuestro sexo.

Para que un orgasmo se dé en buenas condicione, hemos de conocernos a nosotras mismas, tener activa nuestra clave erótica, jugar con nuestras fantasías, abandonarnos a las sensaciones, desterrar mitos y quitarnos de encima el lastre que es la obligación de tener un orgasmo siempre y como criterio básico de evaluación de la satisfacción de esa experiencia. Sin embargo decir ésto no es suficiente si no nombramos a su vez el órgano fundamental e imprescindible del placer femenino, el clitoris.

Casi siempre que hemos visto y estudiado los genitales femeninos la mayoría de la atención se ha centrado en la vagina como protagonista de esta zona de la biología femenina, pasando por alto o despreciando la importancia del placer asociado a la sexualidad, en nuestra visión casi exclusivamente reproductiva de las funciones genitales. 

 

"Sin embargo, desde el punto de vista de la sexología, que pone el acento en las funciones orientadas al placer, la ingeniería biológica que supone el clítoris no puede ser pasada por alto. La educación sexual durante la infancia y la adolescencia, la autoexploracion vivida como algo necesario y positivo y  el conocimiento de este órgano y de sus funciones van a ser criterios básicos para una vivencia autónoma y responsable de las propias posibilidades de placer de cualquier mujer."

De forma que podríamos concluir que, por un lado, el orgasmo no es esa realidad inalcanzable, casi aritmética y difícil de resolver a la que tenemos que arribar obligatoriamente para que cualquier experiencia sexual sea calificada como satisfactoria, no ha de ser una meta ni un objetivo, ni, por supuesto, ha de darse por sentado que con ciertas técnicas se debería llegar o no a tener un orgasmo. Por otro lado, hemos de recordar que el auto conocimiento, la autoexploración de las propias posibilidades de placer, la comunicación con nosotras mismas y con nuestras parejas sexuales y las dinámicas de abandono al placer, activación de la clave erotica y asertividad sexual van a ser el sustrato perfecto que nos permita vivir nuestra sexualidad desde el empoderamiento y el placer siempre que sea posible.

"Permitirnos el placer, entenderlo como algo que nos merecemos y algo que nos pertenece, explorar nuestros cuerpos, abandonarnos a lo que ‘nos pone’, y descentralizar la atención de la obligatoriedad del orgasmo, pueden ser el primer paso para ir acercándonos a esa fuente que no tenemos porqué encontrar fuera porque es nuestra, nos pertenece y está en nuestro interior, esperando ser descubierta y utilizada como camino al éxtasis y el placer que supone toda experiencia sexual, pase o no por el orgasmo."

Por Cristian G. Sánchez.   

 

 

Versión para imprimir Versión para imprimir | Mapa del sitio
© Cristian G Sanchez. Terapia sexual, de pareja y género. Acompañamiento lgtbi y programas de educación sexual.